Al igual que los hombres estaban atrapados entre los aliens y los depredadores en la película de W.S. Anderson, los agricultores y ganaderos están en una similar posición entre el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medioambiente (MAGRAMA) y la Comisión Nacional de la Competencia (CNC). Uno de los proyectos estrella del MAGRAMA es el de mejora del funcionamiento de la cadena alimentaria. En él han depositado esperanzas muchos de los agentes del sector primario, ya que buena parte de nuestros agricultores y ganaderos esperan solucionar con esta norma el problema de rendimiento de sus explotaciones como consecuencia de los bajos precios en origen Este Anteproyecto ha sido informado desde la CNC, y sus recomendaciones han sido tajantes. Recomienda la supresión de los dos aspectos esenciales de esta norma, la regulación de contratos y el código de buenas prácticas mercantiles. Sin estas medidas, el proyecto quedaría sin contenido real. Si los contratos no se pueden regular a nivel de precio y desaparece el sistema de arbitraje, el problema de los precios en origen seguiría tal como hasta ahora.
Llama la atención la falta de alineamiento entre el MAGRAMA y la CNC. El rigor con la que la CNC está actuando en estos últimos años en el sector agroalimentario es bien conocido. En este contexto, se presupone que antes de avanzar en esta línea se debería haber movido el tema entre bastidores para buscar un cierto acuerdo con la CNC. Ahora, la imagen que se transmite es de falta de coordinación por parte del MAGRAMA, así como de desenfoque por parte de la CNC.
Por otro lado, la Comisión Europea está trabajando en un proyecto europeo para ahondar en este problema generalizado del sector y permitir resolverlo, o al menos, paliarlo. El MAGRAMA ha decidido ir por delante, a sabiendas de que en un futuro quizás deba rectificar algunas cosas. Tiene sentido, ya que es un problema acuciante, y los ritmos de la Unión Europea, con el Parlamento Europeo por medio, son de todo menos ágiles. Sin embargo, e independientemente de que haya habido o no precipitación, la realidad es que este informe de la CNC así lo ha transmitido, ¿se podría haber evitado?
La verdadera solución o buena parte de ella pasa necesariamente por la concentración de la oferta, de tal manera que la economía de escala contribuya al aumento de márgenes.
En cualquier caso, lo que no tiene ningún sentido, y así lo debería entender la CNC, es que en pleno siglo XXI y dentro de la Unión Europea, existan mercados que funcionen a resultas, tal como sucede en parte del agro. Esto es, se vende el producto sin saber a qué precio se va a cobrar, y se liquida a posteriori en función de la evolución del mercado.
Si Dios nos ha dado dos oídos y una sola boca es para escuchar el doble de lo que hablamos (Zeno de Citium. 300 a.c.)
lunes, 21 de enero de 2013
martes, 15 de enero de 2013
LA LOCOMOTORA EXPORTADORA
El potencial exportador agroalimentario de España, sobre todo en la situación actual, es un importante balón de oxígeno para nuestra economía. España está en la octava posición a nivel mundial En 2011 la factura correspondiente a este concepto ascendió hasta casi los 35.000 millones de euros, lo que incluye no solo los productos agrarios, sino también los pesqueros y los de la industria alimentaria, de las bebidas y del tabaco; es decir, sector primario y agroalimentario. También llama la atención la productividad de este sector, que ascendió a 141,5 euros de ventas netas por hora trabajada, un 10 por ciento más que la media de la industria española.
Un caso muy destacable es el de la industria cárnica, cuyas exportaciones representan el 30 por ciento de la producción total. Es un dato muy relevante, dado el alto valor de los piensos en los últimos años, que supone la mayor parte de la factura de costes de las explotaciones en intensivo, como es el porcino de capa blanca. Significa que este sector sabe hacer las cosas bien y es altamente competitivo, sobre todo si se tiene en cuenta que el mercado exterior se encuentra mayoritariamente en la Unión Europea, seguida de Rusia y China. Por otro lado, y en referencia a cabañas donde el extensivo es significativo, el clima seco español, en buena parte de nuestras latitudes, nos hace ser más dependientes de los piensos al tener menores pastos disponibles y por menos tiempo.
En el primer semestre de 2012 y en comparación con el mismo periodo de 2011 se incrementaron las exportaciones cárnicas un 16 por ciento, lo que representó un total de 795.000 toneladas. El subsector dominante es el porcino, con 538.000 toneladas vendidas al exterior en este intervalo, un 19 por ciento más que el primer semestre del año anterior. En segundo lugar pero ya a mucha distancia, la carne de vacuno con 57.200 toneladas, seguida de 18.400 toneladas exportadas de ovino y caprino.
De acuerdo con el secretario de la Asociación Nacional de Industrias Cárnicas de España, Miguel Huerta, el punto débil de este mercado exterior es la escasa proporción de productos transformados que se exportan, solo el 8 por ciento del total. En 2011 solo se vendieron en otros países 116.000 toneladas de cárnicos elaborados, frente las 1,4 millones de toneladas en fresco.
Para conseguir este alto nivel de reconocimiento en los mercados exteriores no solo es necesario ser competitivos en precio, lo que conlleva un importante desarrollo tecnológico, también es imprescindible un estricto cumplimiento de las normas de sanidad animal. De esta manera se minimiza el impacto de las habituales estrategias de defensa comercial basadas en la prohibición temporal de entrada de productos por motivos sanitarios, algunas veces justificadas.
Un caso muy destacable es el de la industria cárnica, cuyas exportaciones representan el 30 por ciento de la producción total. Es un dato muy relevante, dado el alto valor de los piensos en los últimos años, que supone la mayor parte de la factura de costes de las explotaciones en intensivo, como es el porcino de capa blanca. Significa que este sector sabe hacer las cosas bien y es altamente competitivo, sobre todo si se tiene en cuenta que el mercado exterior se encuentra mayoritariamente en la Unión Europea, seguida de Rusia y China. Por otro lado, y en referencia a cabañas donde el extensivo es significativo, el clima seco español, en buena parte de nuestras latitudes, nos hace ser más dependientes de los piensos al tener menores pastos disponibles y por menos tiempo.
En el primer semestre de 2012 y en comparación con el mismo periodo de 2011 se incrementaron las exportaciones cárnicas un 16 por ciento, lo que representó un total de 795.000 toneladas. El subsector dominante es el porcino, con 538.000 toneladas vendidas al exterior en este intervalo, un 19 por ciento más que el primer semestre del año anterior. En segundo lugar pero ya a mucha distancia, la carne de vacuno con 57.200 toneladas, seguida de 18.400 toneladas exportadas de ovino y caprino.
De acuerdo con el secretario de la Asociación Nacional de Industrias Cárnicas de España, Miguel Huerta, el punto débil de este mercado exterior es la escasa proporción de productos transformados que se exportan, solo el 8 por ciento del total. En 2011 solo se vendieron en otros países 116.000 toneladas de cárnicos elaborados, frente las 1,4 millones de toneladas en fresco.
Para conseguir este alto nivel de reconocimiento en los mercados exteriores no solo es necesario ser competitivos en precio, lo que conlleva un importante desarrollo tecnológico, también es imprescindible un estricto cumplimiento de las normas de sanidad animal. De esta manera se minimiza el impacto de las habituales estrategias de defensa comercial basadas en la prohibición temporal de entrada de productos por motivos sanitarios, algunas veces justificadas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)