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lunes, 9 de septiembre de 2013

LA DECISIÓN DE MONSANTO



Hace poco más de una semana se celebró en Decatur la mayor feria agrícola de Estados Unidos. Tuve oportunida de mantener frecuentes e interesantes  conversaciones con agricultores y de visitar algunas de sus explotaciones, en pleno corn belt.  Fueron enriquecedoras, pero decepcionantes a la vez. Llevan casi 20 años sembrando cultivos transgénicos, y al escucharles, uno confirma la gran diferencia tecnológica entre ambos lados del atlántico. Quizás no en otros factores de la producción agraria, donde estamos igual de avanzados, pero sí en algo tan esencial para la producción y la sostenibilidad, como es la productividad de los cultivos, es decir, la calidad de la semilla. Difícil de digerir, cuando se  conoce la consolidación y extensión de este mercado en EEUU, Argentina, Brasil, China, India, etc., mientras que en la UE se veta el uso a millones de agricultores. 

En este contexto internacional, la multinacional de semillas norteamericana Monsanto se ha visto obligada a paralizar la solicitud de nuevos eventos transgénicos en la Unión Europea (UE), salvo la renovación del maíz Bt para la lucha contra el taladro, el único cultivo genéticamente modificado que se cultiva en nuestro país.

Las organizaciones ecologistas se han mostrado satisfechas, a pesar de que con esta decisión nadie ha ganado, y solo han perdido los agricultores. Aunque es de suponer que tampoco ha sido plato de gusto, probablemente quien menos pierde es Monsanto, para quien el potencial mercado biotecnológico en la UE es solo una pequeña parte de su actividad.

Hay que recordar que las decisiones de Monsanto tienen influencia en el sector agrícola, ya que se trata de la mayor empresa de semillas a nivel mundial. La biotecnología es solo una fracción de su negocio, aunque importante, para la mejora de las semillas y la búsqueda de soluciones de siembra a los agricultores. También hay que recordar el importante esfuerzo que ésta y otras empresas realizan para conseguir mejoras tecnológicas que hagan más eficiente nuestra agricultura; por supuesto. Para ello, el 10 por ciento de sus ingresos los destinan a investigación, con el objetivo de conseguir avances que permitan obtener más producción, con menor consumo de recursos naturales y de inputs. Es decir, usar menos combustible, fertilizantes, pesticidas, etc. y, por supuesto, menos tiempo. No hay que olvidar que Monsanto no es una excepción ni el único caso de multinacional que desarrolla tecnología en este campo. Otras grandes multinacionales como Pioneer-Dupont, Syngenta, BASF, Bayer, Dow Agrosciences, etc., también tienen el más que saludable objetivo de hacer negocio mediante la puesta en el mercado y explotación de innovaciones de interés para los agricultores, biotecnológicas o convencionales.

Posiblemente se trate del único caso en que una sociedad tecnológicamente muy avanzada como la europea, se encuentra por detrás del resto del mundo, incluido África, Asia, Oceanía y, por supuesto, la inmensa mayoría del continente american

domingo, 1 de septiembre de 2013

PERCEPCIÓN DE LAS AYUDAS AL CAMPO



En España, las ayudas de la PAC representan el 26 por ciento de la renta agraria, de acuerdo con los datos de la Unidad de Análisis y Prospectiva del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medioambiente (MAGRAMA). Sin embargo, es cierto que el porcentaje que representa el sector primario en el PIB es solo del 2,5%. Con estos datos, es comprensible que para mucha parte de la población, la defensa que se hace de este sector les parezca desproporcionada, así como las ayudas específicas que obtiene de la PAC. 

La percepción social es esencial en un sector en continua y compleja negociación, y ésta ha cambiado algo en los últimos años. Por un lado, la vuelta al campo de población de las urbes, buscando alternativas profesionales, ha generado un cierto clima de solidaridad. Por otro lado, el papel del Ministro Cañete también ha reforzado al sector. El que haya sido el Ministro mejor valorado del gobierno actual no ha sido casual, responde a dos factores clave. En primer lugar el profundo conocimiento del sector que tienen tanto él como su equipo, que ya se rodaron hace dos legislaturas y han recalado en este gobierno con la lección aprendida y libre de compromisos previos. Esta circunstancia ha favorecido las gestiones transnacionales en el seno de la Unión Europea y de manera bilateral con otros Estados terceros. Pero no solo hay que ser la mujer del Cesar sino parecerlo, y para ello, la estrategia de comunicación ha sido acertada. Hace solo unos años el sector demandaba una mayor aproximación a la sociedad, entre otras canales, a través de sus responsables políticos. En estos últimos años se ha avanzado mucho en este campo, con una frecuente visibilidad en medios de comunicación de relevancia, mostrando un sector potente y organizado.


En una época en que las noticias buenas no acompañan, y la función política ha sido denostada, alegra ver excepciones y, que aunque solo sea una vez, estas se relacionan con nuestro sector.

martes, 6 de agosto de 2013

FÁBRICA DE CARNE...¡QUIÉN DIJO MIEDO!



La revolucionaria hamburguesa obtenida en la Universidad de Maastricht a partir de células madre de vaca ha sido una de las noticias del verano; al menos, ese tipo de noticia que nos permite relajarnos y entrar en debates mucho más amigables y novedosos. Dejamos al lado la exasperante política nacional y regional y sus cotos de bestias pardas, así como otros asuntos internacionales que nos tienen hastiados todo el año.

Aunque esta semana ha saltado a los medios, debido a su cuidada puesta en escena, ya hace años recibíamos noticias esporádicas de los avances que se iban produciendo en este campo. Hace poco más de dos años ya se anunció que se habían obtenido los primeros resultados, pero la textura la hacía incomible y por tanto, era pronto para un gran lanzamiento mediático. Ahora la notica lo es por lo novedoso, por su precio, por averiguar si sabe o no como la hamburguesa tradicional, etc. En primer lugar hay que destacar que debemos estar lejos de obtener piezas de carne al uso, porque si no, en vez de haber probado carne picada, se habría catado un solomillo o un filete como Dios manda. El precio de 250.000 euros que cuesta el bocado es anecdótico, ya que solo se ha consumido una, por lo que ella sola ha soportado todo el coste de la investigación.

Pero el debate de verdad se va a abrir a partir de ahora. Hasta el momento, las fechas veraniegas y un cierto desconcierto han mantenido muchas voces calladas. No está lejos el momento en que se puedan obtener piezas completas de carne a precios competitivos y, además, con propiedades funcionales. Seguro que va a haber protestas y van a aparecer innumerables detractores, como suele pasar con buena parte de los avances científicos alimentarios; y es más que probable que vengan de todas direcciones. Los puristas del comer y del mal llamado naturalismo alimentario van a ver un modelo muy tecnológico y, por tanto, alejado de la producción de carne que ellos idealizan, al aire libre, con pastos naturales y otro tipo de imposibles económicos. Los ganaderos van a considerar amenazado su mercado, y pensarán que si se desarrolla este nuevo sistema productivo, la necesidad de las explotaciones ganaderas se va ver reducida. En cadena, un análisis similar podría ser hecho por los fabricantes de piensos y los propios agricultores de cereales y proteaginosas. Pero los que se van a ver más comprometidos y van a tener que hilar fino para posicionarse son los ambientalistas. Por un lado, la producción de carne en laboratorio, necesita mucho menos consumo de recursos naturales, al margen de que la hipotética reducción de ganaderías en extensivo sea también un importante daño para el medio. A bote pronto, deberían defenderla. Pero por otro lado, estos grupos son mayoritariamente contrarios a todo lo que implique alta tecnología alimentaria, especialmente la que trabaja con el desarrollo celular, entre otros motivos, por el papel que podrían jugar las multinacionales; un asunto que, para muchas de ellas, es más estratégico que el propio medioambiente.

Nadie se debiera poner nervioso. Este tipo de alimentación tecnológica es una alternativa complementaria, que no eliminará la alimentación tradicional, entre otros motivos, porque la especie humana no solo busca solo cubrir sus necesidades de nutrientes, sino que, a partir de determinados niveles de desarrollo, gusta disfrutar de la gastronomía. Además, no sería un escenario inimaginable, el que en los países desarrollados siguiéramos con modelos actuales de alimentación, mientras que en países con déficits alimentarios y nutricionales, este tipo de alimentos pudieran ser parte de la solución. Escuchaba no hace mucho a un científico que planteaba como viable y no socialmente injusto, que los modelos alimentarios de países no desarrollados fueran en otra dirección. Por ejemplo, ponía en cuestión la necesidad de tres comidas diarias y la necesidad de tanta diversidad. Esta podría ser otra diferencia.

Al final, los modelos productivos son y deben ser compatibles, ya que las realidades socioeconómicas, medioambientales y políticas de unos países y otros son muy diferentes.  La agricultura ecológica debe convivir con la intensiva, con la transgénica, la ganadería intensiva con la extensiva y ecológica, la comida precocinada con la comida casera y la posible carne fabricada, con todo el resto, siempre que se garantice la seguridad alimentaria.

La cuestión es que ya tenemos la hamburguesa, en breve el solomillo, y pieza a pieza quizás podamos tener el puzle completo. Y ese debate, sí se sale de lo estival.