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jueves, 26 de septiembre de 2013

LA ESTAFA FRANCESA

Hace años que muchos teníamos la casi certeza de que esto era así. Pero ahora, con la declaración de un exministro francés, ya sabemos que la radical posición antitransgénicos del gobierno galo no se debe a criterios medioambientales o científicos sino a un simple pacto del gobierno Sarkozy con los grupos ecologistas, para que éstos no atacaran su estrategia nuclear. No lo digo yo, lo dice el ex-primer ministro francés François Fillon Entrevista François Fillon-Les Echos. Por si no leeis francés, os pongo el link a la noticia de la Fundación Antama Fundación Antama. Lo malo, es que buena parte de los argumentos de los grupos antiotransgénicos que han tumbado este desarrollo tecnológico en la UE se han basado en la posición francesa. Por cierto, hay que volver a recordar que los propios organismos científicos franceses estaban en contra de la posición del gobierno, y que la propia judicatura gala y europea han sentenciado el claro incumplimiento de la norma por parte de Francia. En fin, el daño ya está hecho, y solo nos permite aumentar un poco más la desconfianza en las decisiones políticas y en muchos de quienes las toman. Los paganini y simpre lo digo...los agricultores.

lunes, 9 de septiembre de 2013

LA DECISIÓN DE MONSANTO



Hace poco más de una semana se celebró en Decatur la mayor feria agrícola de Estados Unidos. Tuve oportunida de mantener frecuentes e interesantes  conversaciones con agricultores y de visitar algunas de sus explotaciones, en pleno corn belt.  Fueron enriquecedoras, pero decepcionantes a la vez. Llevan casi 20 años sembrando cultivos transgénicos, y al escucharles, uno confirma la gran diferencia tecnológica entre ambos lados del atlántico. Quizás no en otros factores de la producción agraria, donde estamos igual de avanzados, pero sí en algo tan esencial para la producción y la sostenibilidad, como es la productividad de los cultivos, es decir, la calidad de la semilla. Difícil de digerir, cuando se  conoce la consolidación y extensión de este mercado en EEUU, Argentina, Brasil, China, India, etc., mientras que en la UE se veta el uso a millones de agricultores. 

En este contexto internacional, la multinacional de semillas norteamericana Monsanto se ha visto obligada a paralizar la solicitud de nuevos eventos transgénicos en la Unión Europea (UE), salvo la renovación del maíz Bt para la lucha contra el taladro, el único cultivo genéticamente modificado que se cultiva en nuestro país.

Las organizaciones ecologistas se han mostrado satisfechas, a pesar de que con esta decisión nadie ha ganado, y solo han perdido los agricultores. Aunque es de suponer que tampoco ha sido plato de gusto, probablemente quien menos pierde es Monsanto, para quien el potencial mercado biotecnológico en la UE es solo una pequeña parte de su actividad.

Hay que recordar que las decisiones de Monsanto tienen influencia en el sector agrícola, ya que se trata de la mayor empresa de semillas a nivel mundial. La biotecnología es solo una fracción de su negocio, aunque importante, para la mejora de las semillas y la búsqueda de soluciones de siembra a los agricultores. También hay que recordar el importante esfuerzo que ésta y otras empresas realizan para conseguir mejoras tecnológicas que hagan más eficiente nuestra agricultura; por supuesto. Para ello, el 10 por ciento de sus ingresos los destinan a investigación, con el objetivo de conseguir avances que permitan obtener más producción, con menor consumo de recursos naturales y de inputs. Es decir, usar menos combustible, fertilizantes, pesticidas, etc. y, por supuesto, menos tiempo. No hay que olvidar que Monsanto no es una excepción ni el único caso de multinacional que desarrolla tecnología en este campo. Otras grandes multinacionales como Pioneer-Dupont, Syngenta, BASF, Bayer, Dow Agrosciences, etc., también tienen el más que saludable objetivo de hacer negocio mediante la puesta en el mercado y explotación de innovaciones de interés para los agricultores, biotecnológicas o convencionales.

Posiblemente se trate del único caso en que una sociedad tecnológicamente muy avanzada como la europea, se encuentra por detrás del resto del mundo, incluido África, Asia, Oceanía y, por supuesto, la inmensa mayoría del continente american

lunes, 7 de enero de 2013

TRANSGÉNICOS...CONFESIONES DE UN AMBIENTALISTA

Quienes hayan seguido este blog o mi actividad en radio y prensa, saben que soy un defensor de los cultivos transgénicos y valoro los alimentos que los contienen de la misma manera que los que no. Esta posición me ha valido duras críticas, algunas más que duras. Pero mi convicción no se basa solo en la confianza en los científicos, ya que como en todos los colectivos los hay buenos y malos. Se basa en mi total confianza en los organismos científicos que se han creado en diversas partes del globo y que de forma global, con protocolos validados y con científicos que no a título individual, valoran los avances que se producen en este y otros campos. Para mí son, si duda, las organizaciones que menos probabilidad tienen de equivocarse, aunque por supuesto no son infalibles, como no les la ciencia. Lo que sí es cierto es que cuando estos organismos son unánimes en sus valoraciones una y otra vez, me tengo que fiar de ellos. Y lo hago con infinita más convicción que la que me aportan los técnicos no científicos,  o algunos científicos que a título individual y sin el respaldo de la comunidad científica, mantienen posiciones opuestas. Un ejemplo claro, lo tenemos con el Dr. Seralini, abanderado de la lucha antitransgénica y que una vez tras otra ve invalidad las conclusiones de sus investigaciones por Organismios Científicos de todo el mundo, incluso por los de su propio país, Francia.

Pero el motivo de hoy hablar de transgénicos, es compartir un muy interesante dicurso sobre este tema realizado en la Universidad de Oxford el pasado 3 de enero por Mark Lynas, uno de los más acérrimos detractores de los transgénicos que, con el paso del tiempo, ha cambiado y justificado su nueva idea de los mismos. Un discurso que conviene escuchar, porque es muy claro y sintomático http://de-avanzada.blogspot.com.es/2013/01/discurso-de-mark-lynas-en-conferencia.html

jueves, 3 de marzo de 2011

LOS TRANSGÉNICOS CONSOLIDAN SU EXPANSIÓN

La Comisión ha decidido autorizar la presencia accidental del 0,1 por ciento de semillas transgénicas no autorizadas en la Unión Europea (UE) si su destino es para pienso, pero con el visto bueno de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). El debate viene con la siguiente decisión, la de aprobar esta tolerancia también para consumo humano. Las semillas cuya comercialización o cultivo están autorizadas en la UE lo están también tanto para consumo humano como animal. La diferenciación en función del destino supondría una extrema complicación y un alto coste, ya que habría que separar todos los procesos de transporte, almacenaje y transformación.
En esta misma línea, los datos publicados por el Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agro-Biotecnológicas (ISAAA) son arrolladores. El pasado año 15,4 millones de agricultores cultivaron en 29 países 148 millones de hectáreas de transgénicos. Es decir, el equivalente aproximado a tres veces el total de la geografía de España y casi 20 veces más agricultores que todos los agricultores y ganaderos de nuestro país. Todo ello, unido al aumento de ambos indicadores en más del 10 por ciento, confirman que guste o no guste, es una tecnología que en 15 años se ha convertido en la vanguardia de la agricultura mundial. Mientras tanto en la UE seguimos trasteando con nuestras luchas internas y nos mantenemos al margen de estos desarrollos, algo que afecta sobre todo a los agricultores. Hay cultivos clásicos de nuestra geografía, como el algodón o el maíz, que a nivel mundial son transgénicos en un 64 y un 30 por ciento respectivamente. Respecto a la remolacha, en plena época de déficit productivo en la UE y bajos precios, en Estados Unidos y Canadá el 95 por ciento ya es tolerante a herbicidas.
La OCDE y la FAO lo vaticinan en su Informe de Perspectivas 2010, donde afirman que la productividad agrícola de la UE se estancará entre 2010 y 2019 con un crecimiento del 4 por ciento, mientras que en países donde se está desarrollando la biotecnología agraria, como EEUU, Canadá, Australia, China, India o algunos países de América Latina, crecerá entre un 15 y un 40 por ciento.

martes, 11 de enero de 2011

TRANSGÉNICOS EN WIKILEAKS

Aunque algo tarde, por las siempre complicadas fiestas navideñas, retomo la actividad de este blog con el tema de Wikileaks, que puso sobre la mesa lo que El País denomina una “complicidad oculta” entre Estados Unidos y España en la “soterrada lucha” para la defensa de esta tecnología en la Unión Europea.

Que la semántica adjetivada no nos confunda. EEUU y España tienen intereses comunes en este campo, lo que es público, como lo es que España, con carácter general, ha estado y está en una posición de defensa de la tecnología transgénica, siempre que cuente con los avales científicos preceptivos. Que el Secretario de Estado Josep Puxeu haya mantenido contactos con la Embajada de EEUU para pedirle apoyo en este tema es un síntoma de profesionalidad y buen hacer político. Hay que recordar que más del 23 por ciento del maíz que se siembra en España está modificado genéticamente y que otros agricultores, por ejemplo los algodoneros de Andalucía, demandan de forma reiterada disponer de las mismas herramientas. Exigen algo tan razonable como competir en igualdad de condiciones con los otros 14 millones de agricultores del resto del mundo que ya utilizan con eficacia y mejora competitiva esta avanzada tecnología. Por tanto, defender los intereses de nuestro sector es algo que en este caso hay que agradecer sin reparos a nuestro Gobierno.

A pesar de lo mediático de la filtración, hay que recordar que según el último Eurobarómetro solo al 8 por ciento de los europeos les preocupa los transgénicos y más del 75 por ciento confían en el criterio de la EFSA. Además y según las mismas fuentes, la mayoría de los españoles no manifiestan ninguna posición contraria a los transgénicos en ninguna de los aspectos referidos en este informe de opinión de la ciudadanía europea. Algo por otro lado razonable ya que en 15 años de comercialización y consumo de estos alimentos no se ha detectado en todo el mundo un solo caso en el que la salud de alguien se haya visto perjudicada.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

TRANSGÉNICOS SI, PERO SIN MOLESTAR


Esta semana agricultores de toda Europa que cultivan o quieren cultivar transgénicos se han reunido con los eurodiputados en Bruselas para explicarles por qué tienen que apostar por este mercado. Han contado de primera mano como consiguen producir más en el mismo espacio, como han recuperado la motivación en los pocos cultivos que pueden sembrar, el tremendo agravio que supone para ellos que sus competidores de otros países puedan exporta a la UE grano transgénico que han podido cultivar con mucho menos coste y más producción, mientras que a ellos no se les deja producirlo, que no les importa competir en el libre mercado, pero con las mismas armas. Pero sobre todo han explicado con ejemplos muy claros de su día a día como con estos cultivos mantienen mucho mejor el suelo, utilizan muchos menos insecticidas y son mucho más selectivos a la hora de acabar con las plagas. Yo tuve oportunidad de estar en algunas de esas reuniones con los agricultores españoles y lo que no me creería es que no les hayan convencido. La verdad es que el gobierno español y nuestros eurodiputados, de uno y otro color lo tienen más o menos claro, con matices, eso sí. Entonces, ¿por qué no salen del armario de una forma categórica? Como algún eurodiputado socialista dejó claro, la presión de los lobbies ecologistas es muy fuerte y primero hay que convencerles….una patata caliente que no le toca coger al agricultor….información y comunicación, solo ahí vamos a encontrar la respuesta

lunes, 26 de octubre de 2009

ALIMENTACÓN PARA TODOS


El pasado 16 de octubre, en el marco del día mundial de la alimentación, la FAO recordó que es necesario aumentar un 70 por ciento la producción de alimentos antes del año 2050. Si a esto se añade que el incremento potencial de superficie de cultivo es muy pequeño, por cuestiones de sostenibilidad ambiental, se llega a la fácil conclusión de que hay que subir la productividad de nuestras explotaciones, sin perjudicar al medio ambiente. Al hilo de esta cuestión, el DG de la Asociación Empresarial para la Producción de Plantas, AEPLA, Carlos Palomar, recordaba el papel indispensable de estas tecnologías, de los fitosanitarios, de las medicinas para plantas, para garantizar un suministro suficiente de alimentos, seguros y de calidad. Hay que recordar que la Federación Española de Nutrición publicó un informe en el que manifestaba el daño que legislaciones restrictivas sobre el uso de fitosanitarios podía producir en nuestra Dieta Mediterránea al reducir o encarecer productos básicos, como frutas y hortalizas. Por cierto, que un análisis muy similar a este hay que realizar en el caso de los transgénicos, que ayudan a aumentar la productividad con un muy alto nivel de sostenibilidad ambiental, por encima de las semillas convencionales. Y a esto hay que añadir los resultados del análisis de la Asociación Europea para la Protección de las Plantas, que afirma que el 78% de los consumidores españoles toma sus decisiones de compra por el precio. Es decir, tenemos que producir más, más barato, con más calidad y con mayor cuidado del medioambiente. En la actualidad, la única forma de conseguirlo es con la biotecnología, con el uso de fitosanitarios y con una fertilización responsable, además de otras como la maquinaria, el riego, y otras muchas tecnologías agrarias. Porque no olviden que nadie deja de utilizar cuchillos porque alguien pueda matar con ellos, ni nos dejamos de medicar porque una sobredosis pueda matarnos. Los avances, bien usados y controlados, no son un problema, sino una solución.

AUMENTA LA CONFIANZA EN EL MAIZ TRANSGÉNICO


Lo primero de todo disculparme por el parón de varios meses que ha tenido este blog. Desafortunadamente no se ha tratado de unas supervacaciones, sino más bien lo contrario. Pero todo recupera su estabilidad y aquí estamos, dispuestos a retomar el debate agrario. Y aunque con algún retraso en algunos asuntos, comenzamos.


Tras conocer de la mano del Ministerio de Medioambiente, Medio Rural y Marino (MARM) los datos de superficies de maíz cultivadas en España durante 2009, son muchas las noticias al respecto que han desatacado la caída en la siembra de maíz transgénico. Cierto, pero el análisis requiere varios comentarios. Pese al descenso sufrido en toda España en las hectáreas cultivadas con maíz, la caída en las variedades MG ha sido menor que en las convencionales. Mientras que estas últimas han visto recudida su superficie en un 4,8 % respecto a 2008, los cultivos MG han retrocedido sólo un 4 % al situarse en las 76.057 hectáreas. A pesar de este descenso, los cultivos con maíz Bt representaron en 2009 el 21,8 % del total de superficie cultivada con maíz en España, la cifra más alta desde que se comenzara el cultivo en el año 1996. Éste porcentaje supone un 0,2 % más que en el año 2008, incremento que se ha producido pese a la disminución general de hectáreas. Este aumento mantiene así la tónica dominante de crecimiento desde que fuera aprobado el cultivo del maíz Bt. En 2004 suponía el 12,1 % del total, en 2006 el 15,2 % y en 2009 el 21,8 %.

Estos datos reflejan la confianza del agricultor en esta tecnología en base a su propia experiencia con estos cultivos y a los beneficios reportados. No debemos olvidar que el uso de esta tecnología no es obligado, los agricultores que apuestan por ella son aquellos que sufren algún tipo de dificultad concreta en sus cultivos (como el caso del taladro en el maíz). Sólo en 2008 estos cultivos supusieron el ahorro de más de 47.000 millones de litros de agua en un año en el que la sequía azotó todo el país. Además, incrementó la producción haciendo que la importación de maíz disminuyera en más de 95 millones de kg.

viernes, 22 de mayo de 2009

LA OPCIÓN DE MANIFESTARSE


Hace una semana fueron los ganaderos del sector lácteo los que se lanzaron a las calles de Madrid. El sábado hicieron lo propio en Zaragoza los antitransgénicos de Greenpeace, amigos de la tierra, ecologistas en acción y COAG. Dos movilizaciones, dos sentidos. El primero razonable, el segundo mucho menos. La opción de organizar una manifestación con las molestias que genera en la vida cotidiana de muchos ciudadanos es una respuesta sujeta a derecho, necesaria cuando se ha llegado a un extremo en el que hay que hacer comprender al gobierno y a la sociedad la situación límite por la que pasa un colectivo. En el caso lácteo, el problema es claro, no tanto la solución. Los precios a la baja y la entrada masiva de leche de otros países a precios muy inferiores han llevado a un sector mal dimensionado, en su mayoría, a una importante crisis. Al margen de la solución real que se les pueda dar desde el gobierno, es una situación que hace comprensible su salida a la calle. La escasa dimensión de la mayoría de las explotaciones españolas las hace poco competitivas, sujetas por tanto a unos costes elevados e inelásticos. Además la industria y la producción no llegan a acuerdos estables, lo que no permite plantear una estrategia integral desde dentro, que pueda ser apoyada desde el Ministerio de Medioambiente, Medio Rural y Marino (MARM). No obstante, el MARM, con personal cualificado y aun no siendo responsables de esta coyuntura, están obligados a contribuir en la búsqueda de soluciones y de acuerdos interprofesionales.

Completamente diferente es la manifestación antitransgénicos. Hasta la fecha los transgénicos no han generado en la Unión Europea ni en España ningún problema sanitario ni de consumo desde que se introdujeron. Además, su cultivo es muy reducido. Por otro lado, los escasos agricultores de transgénicos, aseguran que la semilla les es tremendamente rentable, aun siendo más cara. Aseguran que utilizan la nada despreciable cifra de cuatro litros menos de fitosanitarios por hectárea. Además, dicen no haber tenido ningún problema con otros agricultores de semilla convencional. Es decir, no hay problemas, los controles funcionan, los productores están contentos y sus vecinos que no las usan no están en contra. En esta situación y al margen de los que uno opine sobre este asunto, ¿qué sentido tiene una manifestación? ¿Qué queremos, un agro para turistas o un sector tecnológicamente avanzado, competitivo y con alta compatibilidad ambiental? Porque una de las herramientas más eficaces y contrastadas, son los cultivos modificados genéticamente. Ya explicarán por qué, con datos concretos y de nuestro entorno, sin irse a las antípodas.

viernes, 27 de febrero de 2009

BIOTECNOLOGIA, A PESAR DE TODO


De acuerdo con el informe elaborado por el Instituto Internacional de Adquisición de las Aplicaciones Biotecnológicas, las plantas transgénicas han sido cultivadas en 125 millones de hectáreas en 2008. En su decimotercero año de comercialización, esta superficie se ha visto incrementada en 10,7 millones de hectáreas respecto a 2007, con una incorporación de 1,3 millones de agricultores. En total son 13,3 millones de agricultores en veinticinco países. En la Unión Europea (UE) siete países han sembrado maíz transgénico, la única semilla autorizada en nuestro territorio. Se trata de España, República Checa, Rumania, Portugal, Alemania, Polonia y Eslovaquia. La superficie aumentó en la UE un 21 por ciento en 2008, situándose en 107.719 hectáreas, el 0,08 por ciento del cultivo mundial.

Más allá de la afinidad que uno tenga por este joven pero ya consolidado tipo de semillas, salvo en la UE, estas cifras confirman una tendencia que desde hace años se percibe imparable. No es otra que la consolidación de los nuevos avances tecnológicos en el sector primario y su traslado a la cadena alimentaria, tanto de destino humano como animal.

Pero no se trata de un nuevo modelo productivo, como se resalta en numerosas ocasiones, ya que éste no cambia. Lo que varía es la adaptación de las plantas. Es decir, mejora la calidad de las semillas, su resistencia al clima, a los parásitos, a las enfermedades, etc. Una mejora que repercute directamente en la mayor productividad de las explotaciones y la mejora en los balances de explotación, a pesar del mayor coste de la semilla. En cualquier caso, una opción que no elimina ni condiciona la decisión de optar por semillas no transgénicas, pero que, aun así, se fortalece.

Hay que recordar el apoyo que se ha dado en el G8 a estos cultivos, como una alternativa segura para incrementar la tan necesaria productividad alimentaria. En la UE, la nueva presidencia checa ha manifestado su voluntad de avanzar en este campo e intentar desbloquear los vetos de determinados países. Destaca la emblemática Francia, que defiende a su poderosa y activa industria de semillas, y de paso realiza importantes concesiones al también potente ecologismo. La prohibición de sembrar transgénicos en el país galo, basada en supuestos criterios técnicos, ya fue reprobada por los organismos competentes de la UE, en concreto por la Autoridad Europea de Seguridad de los Alimentos. Ahora ha sido la propia Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria de los Alimentos quien ha constatado que la semilla de maíz transgénico autorizada en la UE, la MON810 tiene los mismos niveles de seguridad ambiental y de salud que cualquier otra semilla no transgénica. Poco a poco se van desarmando todos los argumentos seudo técnicos, políticos, que impiden al agricultor europeo beneficiarse de los últimos adelantos tecnológicos, aunque algunos, como Francia, no darán su brazo a torcer. La posibilidad que tiene cada gobierno de acogerse a la cláusula de salvaguardia y prohibir el cultivo de semillas autorizadas, es una baza política muy cuestionable.

Son avances que tampoco perjudican al consumidor, libre de elegir entre alimentos convencionales, ecológicos, con componentes transgénicos, provenientes de sistemas de producción integrada, amparados en marcas de calidad o cualquier otra tipología diferenciada en el etiquetado, incluida la futura etiqueta sobre bienestar animal.

martes, 4 de noviembre de 2008

ORGANISMOS POLITICAMENTE MODIFICADOS


Los frenos que se ponen al sector productor, comercializador y consumidor de semillas transgénicas, a veces rozan el surrealismo de la tecnocracia política. Ahora llama la atención el esfuerzo que está haciendo Francia para poner más trabas a los ya de por sí bastante zancadilleados organismos genéticamente modificados (OGMs). No sería demasiado importante lo que sucede en el país vecino, si no fuera porque ejercen la presidencia de la UE y quieren que Bruselas apruebe un singular documento sobre OGMs antes de final de año. Empieza dicho informe alarmando sobre las interacciones de estas plantas con los ecosistemas, y sus imprevisibles consecuencias. Es preocupante que Francia ponga sobre la mesa esta imprevisión tras casi quince años de cultivos transgénicos por todo el mundo. ¿Está poniendo sobre la mesa la incompetencia de las entidades especializadas de la UE para analizar de forma empírica el pasado, el presente y velar por nuestro bienestar en el futuro? Por supuesto que no. Es más bien un argumento de fundamento político que responde al intento de suavizar las presiones de determinados grupos ecologistas franceses. Para muestra un botón. El pasado mes de febrero Francia prohibió la siembra de maíz transgénico en base al principio de salvaguardia y precaución. Ahora la Agencia Europea de Seguridad de los Alimentos (AESA) ha emitido un informe en el que afirman que ninguno de los argumentos aducidos tiene justificación técnica o científica, algo que, por otro lado, era bien conocido.


Pero en este informe no preocupa solo la introducción. Se demanda un refuerzo de la evaluación científica sobre sus efectos en el medioambiente y la necesidad de definir criterios socioeconómicos y agronómicos antes de las autorizaciones. Vuelta a lo mismo. Todo eso estaba muy bien hace quince años, pero ya se ha superado. La UE dispone del sistema más exhaustivo de todo el mundo para el control y autorización de semillas transgénicas. De hecho, en la UE solo se cultiva un exiguo 0,08 por ciento de la producción mundial. Por eso, estas peticiones francesas suenan a broma, si no fuera por el perjuicio que generan a muchas economías agrarias europeas, que no pueden competir en igualdad de condiciones con otros modelos productivos de Estados terceros.

También es peligroso el nuevo espacio que quieren abrir a la protección de territorios. Hasta la fecha, más de 170 regiones europeas y muchas más entidades locales se han declarado libres de transgénicos. Es decir, un brindis al sol, ya que no implica ninguna prohibición, sino una declaración de algo obvio, que se ya se da sin proponérselo. Normal, el único cultivo autorizado es una variedad de maíz modificada contra una plaga que solo ataca en determinadas zonas. Son decisiones políticas que permiten quedar muy bien con todos los detractores, sin que haya ningún perjuicio económico para nadie. Ahora bien, la prohibición territorial sería una vía abierta cuyo límite no queda claro, por tanto, susceptible de uso político. Si un cultivo está autorizado en la UE, ¿se puede llegar a prohibir en un territorio? No, si desde un punto de vista científico se ha demostrado que no tiene efectos negativos para el medio natural. Si lo tuviera, sería del propio cultivo, por lo que debería prohibirse el cultivo en su totalidad, transgénico o no.

Entre tanto, tal como recoge Agroeuropa, la Secretaria General de Medio Rural, Alicia Villauriz, ha resaltado el nuevo valor estratégico de la agricultura y la alimentación. También incide, igual que ha hecho Sarkozy en innumerables ocasiones, en el fortalecimiento de la idea de autoabastecimiento y seguridad alimentaria. Pero para hacer acción de estos principios hay que tomar decisiones que no dejan indiferentes. Salvando las diferencias, el tratamiento que se da en Bruselas, a los cultivos modificados genéticamente, a los fitosanitarios y a las normas de bienestar animal, responden a un posicionamiento político que poco tiene que ver con criterios técnicos y ambientales objetivos, y que van en contra de esta tan cacareada posición hispano francesa. Otro ejemplo nacional es el freno puesto al agua por el gobierno español, que afecta a la mayor despensa hortofrutícola europea, ubicada en la costa levantina y murciana. Porque hay parecer la mujer del Cesar, pero primero hay que serlo.

jueves, 28 de febrero de 2008

AISLAMIENTO BIOTECNOLOGICO EN EUROPA


El Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Biotecnológicas ha publicado los últimos datos sobre superficie mundial cultivada con semilla genéticamente modificada. Ha aumentado un 12 por ciento en 2007, superando las 114 millones de hectáreas cultivadas en más de 23 países, por 12 millones de productores. En la Unión Europea (UE) se han cultivado algo más de 100.000 hectáreas, el 70 por ciento en España. El cultivo de maíz modificado genéticamente contra el taladro, el único autorizado en la UE, ha supuesto el 21 por ciento de este cultivo en nuestro país. Son cifras que se encuentran a años luz de las de Estados Unidos con 57,7 millones de hectáreas de cultivos modificados genéticamente; o Argentina, Brasil y Canadá, que entre los tres superan los 41 millones de hectáreas. También Canadá. Paraguay, Sudáfrica y otros muchos. Entre ellos, economías mucho menos desarrolladas o con serios problemas alimentarios como la India o China, cultivaron el pasado año más de 6,2 y 3,8 millones de hectáreas respectivamente. Datos que no dejan lugar a dudas. La Unión Europea se mantiene al margen de un desarrollo tecnológico por el que apuestan las grandes economías y también las emergentes.

En este contexto, el PSOE presenta en su programa electoral la propuesta de una nueva Ley del Régimen Jurídico de los Organismos Genéticamente Modificados, en la que dará prioridad a la salud pública y al equilibrio medioambiental. Son factores que conforman el esqueleto de todos los estudios y análisis científicos requeridos en la UE para la autorización de estas semillas, así como para la comercialización de los alimentos de los que forman parte. Son los más estrictos y rigurosos a nivel mundial. Una oferta antieconómica, pero sin duda, políticamente correcta. El “apellido” de esta propuesta hace sospechar una vuelta de tuerca en este asunto, más del corte del Ministerio de Medioambiente, dirigido por Narbona, que del actual Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), con una línea conservacionista, pero que no pierde la referencia socioeconómica. Prueba de ello es que a finales de 2007 el MAPA abogaba por un marco jurídico relativo a cultivos modificados genéticamente, sin imposiciones, basado en la preferencia de los propios consumidores. Es decir, la oportunidad de consumidores y agricultores de elegir. No es otra cosa que lo que defienden los que abogan por el desarrollo de estas tecnologías dentro del encapsulado espacio biotecnológico europeo.

martes, 29 de enero de 2008

"BIO" A TODA MÁQUINA


En estas últimas semanas lo “bío” ha vuelto a tomar protagonismo. Me refiero a la biotecnología y los biocarburantes. Dos estrategias de futuro, comunes en dos espacios económicos con muchas similitudes, como son el europeo y el estadounidense. Sin embargo, sus diferentes realidades políticas condicionan velocidades de implantación diferentes. Estados Unidos encabeza la carrera, con muchos cuerpos de ventaja. En consecuencia, Bruselas ha tenido que anunciar un endurecimiento de los requisitos para la comercialización de biocarburantes en la Unión Europea. Se trata de condicionantes de carácter ambiental, vinculados a la preservación de la biodiversidad y de las tierras sumidero de carbono. En el fondo, late la defensa de las producciones propias frente a grandes productores como Estados Unidos o Brasil, con rendimientos mucho mayores que los europeos. Los fuertes subsidios percibidos por el biodiesel estadounidense están generando importantes trastornos a las plantas productoras europeas, en particular a las veintidós ubicadas en España. Ayer miércoles la Comisión presentó una propuesta de reparto entre los veintisiete estados miembros, para reducir el efecto invernadero. La finalidad es disminuir en 2020 un veinte por ciento las emisiones de gases contaminantes. Por otro lado, se discutirá la directiva que va a permitir alcanzar en esta misma fecha el veinte por ciento de uso de biocombustibles y el diez por ciento de biocarburantes.

En el caso de la biotecnología, tampoco van parejos. La normativa de Estados Unidos para el desarrollo y comercialización de organismos genéticamente modificados (OGMs) es mucho más liberal que la europea. En general es una situación que genera importantes problemas comerciales a la Unión Europea. Ha impedido la resolución de problemas técnico-económicos y ambientales de nuestra producción agraria, ya resueltos en otros espacios económicos. Bastante más complejo, al menos desde un punto de vista sociocultural, es la implantación de los alimentos obtenidos a partir de animales clonados. En esto, parece que se han puesto de acuerdo las dos entidades responsables de la seguridad alimentaria y han dado un pequeño impulso a este futuro mercado. La Agencia Alimentaria Americana ha dado el visto bueno a su comercialización, aunque ha pedido a los propios operadores que mantengan una moratoria de facto, no preceptiva. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha llegado a una conclusión similar a la de su homóloga de ultramar. Estos es, que los alimentos que se obtengan de animales clonados afectan a la salud humana en la misma medida que los convencionales. El objetivo de la Unión Europea es simplificar los procedimientos de autorización para que no suceda lo mismo que con los vilipendiados OGMs. El Comité de Bioética Europeo no se ha opuesto de forma radical, pero ha puesto en duda la justificación ética de este nuevo comercio. De forma similar a lo sucedido con los transgénicos, faltan argumentos técnicos para su freno, pero existe un confuso trasfondo político. Hay que recordar que muchos vegetales se clonan de forma natural. El hombre lleva siglos haciendo lo propio, incluso con plantas que no se reproducen por clonación. Cierto es que se trata de algo mucho más sencillo que la clonación de animales. Pero, ¿Dónde se pone el límite bioético?. ¿En el hecho de clonar seres vivos?, ¿en las similitudes con la especie humana de los seres clonados?, ¿en la propia clonación humana?. ¿Es la propia clonación el problema o lo es su finalidad? Son muchas preguntas sin respuesta, o con respuestas subjetivas y personales. Preguntas aparentemente alejadas del análisis agrario y agroindustrial, pero cuya respuesta va a condicionar el futuro del agro. En cualquier caso, los detractores pueden estar tranquilos. Hoy por hoy y a medio plazo, el proceso no es rentable.