Si Dios nos ha dado dos oídos y una sola boca es para escuchar el doble de lo que hablamos (Zeno de Citium. 300 a.c.)
jueves, 26 de septiembre de 2013
LA ESTAFA FRANCESA
lunes, 9 de septiembre de 2013
LA DECISIÓN DE MONSANTO
lunes, 7 de enero de 2013
TRANSGÉNICOS...CONFESIONES DE UN AMBIENTALISTA
Pero el motivo de hoy hablar de transgénicos, es compartir un muy interesante dicurso sobre este tema realizado en la Universidad de Oxford el pasado 3 de enero por Mark Lynas, uno de los más acérrimos detractores de los transgénicos que, con el paso del tiempo, ha cambiado y justificado su nueva idea de los mismos. Un discurso que conviene escuchar, porque es muy claro y sintomático http://de-avanzada.blogspot.com.es/2013/01/discurso-de-mark-lynas-en-conferencia.html
jueves, 3 de marzo de 2011
LOS TRANSGÉNICOS CONSOLIDAN SU EXPANSIÓN
En esta misma línea, los datos publicados por el Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agro-Biotecnológicas (ISAAA) son arrolladores. El pasado año 15,4 millones de agricultores cultivaron en 29 países 148 millones de hectáreas de transgénicos. Es decir, el equivalente aproximado a tres veces el total de la geografía de España y casi 20 veces más agricultores que todos los agricultores y ganaderos de nuestro país. Todo ello, unido al aumento de ambos indicadores en más del 10 por ciento, confirman que guste o no guste, es una tecnología que en 15 años se ha convertido en la vanguardia de la agricultura mundial. Mientras tanto en la UE seguimos trasteando con nuestras luchas internas y nos mantenemos al margen de estos desarrollos, algo que afecta sobre todo a los agricultores. Hay cultivos clásicos de nuestra geografía, como el algodón o el maíz, que a nivel mundial son transgénicos en un 64 y un 30 por ciento respectivamente. Respecto a la remolacha, en plena época de déficit productivo en la UE y bajos precios, en Estados Unidos y Canadá el 95 por ciento ya es tolerante a herbicidas.
La OCDE y la FAO lo vaticinan en su Informe de Perspectivas 2010, donde afirman que la productividad agrícola de la UE se estancará entre 2010 y 2019 con un crecimiento del 4 por ciento, mientras que en países donde se está desarrollando la biotecnología agraria, como EEUU, Canadá, Australia, China, India o algunos países de América Latina, crecerá entre un 15 y un 40 por ciento.
martes, 11 de enero de 2011
TRANSGÉNICOS EN WIKILEAKS
Que la semántica adjetivada no nos confunda. EEUU y España tienen intereses comunes en este campo, lo que es público, como lo es que España, con carácter general, ha estado y está en una posición de defensa de la tecnología transgénica, siempre que cuente con los avales científicos preceptivos. Que el Secretario de Estado Josep Puxeu haya mantenido contactos con la Embajada de EEUU para pedirle apoyo en este tema es un síntoma de profesionalidad y buen hacer político. Hay que recordar que más del 23 por ciento del maíz que se siembra en España está modificado genéticamente y que otros agricultores, por ejemplo los algodoneros de Andalucía, demandan de forma reiterada disponer de las mismas herramientas. Exigen algo tan razonable como competir en igualdad de condiciones con los otros 14 millones de agricultores del resto del mundo que ya utilizan con eficacia y mejora competitiva esta avanzada tecnología. Por tanto, defender los intereses de nuestro sector es algo que en este caso hay que agradecer sin reparos a nuestro Gobierno.
A pesar de lo mediático de la filtración, hay que recordar que según el último Eurobarómetro solo al 8 por ciento de los europeos les preocupa los transgénicos y más del 75 por ciento confían en el criterio de la EFSA. Además y según las mismas fuentes, la mayoría de los españoles no manifiestan ninguna posición contraria a los transgénicos en ninguna de los aspectos referidos en este informe de opinión de la ciudadanía europea. Algo por otro lado razonable ya que en 15 años de comercialización y consumo de estos alimentos no se ha detectado en todo el mundo un solo caso en el que la salud de alguien se haya visto perjudicada.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
TRANSGÉNICOS SI, PERO SIN MOLESTAR

lunes, 26 de octubre de 2009
ALIMENTACÓN PARA TODOS

AUMENTA LA CONFIANZA EN EL MAIZ TRANSGÉNICO

Estos datos reflejan la confianza del agricultor en esta tecnología en base a su propia experiencia con estos cultivos y a los beneficios reportados. No debemos olvidar que el uso de esta tecnología no es obligado, los agricultores que apuestan por ella son aquellos que sufren algún tipo de dificultad concreta en sus cultivos (como el caso del taladro en el maíz). Sólo en 2008 estos cultivos supusieron el ahorro de más de 47.000 millones de litros de agua en un año en el que la sequía azotó todo el país. Además, incrementó la producción haciendo que la importación de maíz disminuyera en más de 95 millones de kg.
viernes, 22 de mayo de 2009
LA OPCIÓN DE MANIFESTARSE

Completamente diferente es la manifestación antitransgénicos. Hasta la fecha los transgénicos no han generado en la Unión Europea ni en España ningún problema sanitario ni de consumo desde que se introdujeron. Además, su cultivo es muy reducido. Por otro lado, los escasos agricultores de transgénicos, aseguran que la semilla les es tremendamente rentable, aun siendo más cara. Aseguran que utilizan la nada despreciable cifra de cuatro litros menos de fitosanitarios por hectárea. Además, dicen no haber tenido ningún problema con otros agricultores de semilla convencional. Es decir, no hay problemas, los controles funcionan, los productores están contentos y sus vecinos que no las usan no están en contra. En esta situación y al margen de los que uno opine sobre este asunto, ¿qué sentido tiene una manifestación? ¿Qué queremos, un agro para turistas o un sector tecnológicamente avanzado, competitivo y con alta compatibilidad ambiental? Porque una de las herramientas más eficaces y contrastadas, son los cultivos modificados genéticamente. Ya explicarán por qué, con datos concretos y de nuestro entorno, sin irse a las antípodas.
viernes, 27 de febrero de 2009
BIOTECNOLOGIA, A PESAR DE TODO

Más allá de la afinidad que uno tenga por este joven pero ya consolidado tipo de semillas, salvo en la UE, estas cifras confirman una tendencia que desde hace años se percibe imparable. No es otra que la consolidación de los nuevos avances tecnológicos en el sector primario y su traslado a la cadena alimentaria, tanto de destino humano como animal.
Pero no se trata de un nuevo modelo productivo, como se resalta en numerosas ocasiones, ya que éste no cambia. Lo que varía es la adaptación de las plantas. Es decir, mejora la calidad de las semillas, su resistencia al clima, a los parásitos, a las enfermedades, etc. Una mejora que repercute directamente en la mayor productividad de las explotaciones y la mejora en los balances de explotación, a pesar del mayor coste de la semilla. En cualquier caso, una opción que no elimina ni condiciona la decisión de optar por semillas no transgénicas, pero que, aun así, se fortalece.
Hay que recordar el apoyo que se ha dado en el G8 a estos cultivos, como una alternativa segura para incrementar la tan necesaria productividad alimentaria. En la UE, la nueva presidencia checa ha manifestado su voluntad de avanzar en este campo e intentar desbloquear los vetos de determinados países. Destaca la emblemática Francia, que defiende a su poderosa y activa industria de semillas, y de paso realiza importantes concesiones al también potente ecologismo. La prohibición de sembrar transgénicos en el país galo, basada en supuestos criterios técnicos, ya fue reprobada por los organismos competentes de la UE, en concreto por la Autoridad Europea de Seguridad de los Alimentos. Ahora ha sido la propia Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria de los Alimentos quien ha constatado que la semilla de maíz transgénico autorizada en la UE, la MON810 tiene los mismos niveles de seguridad ambiental y de salud que cualquier otra semilla no transgénica. Poco a poco se van desarmando todos los argumentos seudo técnicos, políticos, que impiden al agricultor europeo beneficiarse de los últimos adelantos tecnológicos, aunque algunos, como Francia, no darán su brazo a torcer. La posibilidad que tiene cada gobierno de acogerse a la cláusula de salvaguardia y prohibir el cultivo de semillas autorizadas, es una baza política muy cuestionable.
Son avances que tampoco perjudican al consumidor, libre de elegir entre alimentos convencionales, ecológicos, con componentes transgénicos, provenientes de sistemas de producción integrada, amparados en marcas de calidad o cualquier otra tipología diferenciada en el etiquetado, incluida la futura etiqueta sobre bienestar animal.
martes, 4 de noviembre de 2008
ORGANISMOS POLITICAMENTE MODIFICADOS

Pero en este informe no preocupa solo la introducción. Se demanda un refuerzo de la evaluación científica sobre sus efectos en el medioambiente y la necesidad de definir criterios socioeconómicos y agronómicos antes de las autorizaciones. Vuelta a lo mismo. Todo eso estaba muy bien hace quince años, pero ya se ha superado. La UE dispone del sistema más exhaustivo de todo el mundo para el control y autorización de semillas transgénicas. De hecho, en la UE solo se cultiva un exiguo 0,08 por ciento de la producción mundial. Por eso, estas peticiones francesas suenan a broma, si no fuera por el perjuicio que generan a muchas economías agrarias europeas, que no pueden competir en igualdad de condiciones con otros modelos productivos de Estados terceros.
También es peligroso el nuevo espacio que quieren abrir a la protección de territorios. Hasta la fecha, más de 170 regiones europeas y muchas más entidades locales se han declarado libres de transgénicos. Es decir, un brindis al sol, ya que no implica ninguna prohibición, sino una declaración de algo obvio, que se ya se da sin proponérselo. Normal, el único cultivo autorizado es una variedad de maíz modificada contra una plaga que solo ataca en determinadas zonas. Son decisiones políticas que permiten quedar muy bien con todos los detractores, sin que haya ningún perjuicio económico para nadie. Ahora bien, la prohibición territorial sería una vía abierta cuyo límite no queda claro, por tanto, susceptible de uso político. Si un cultivo está autorizado en la UE, ¿se puede llegar a prohibir en un territorio? No, si desde un punto de vista científico se ha demostrado que no tiene efectos negativos para el medio natural. Si lo tuviera, sería del propio cultivo, por lo que debería prohibirse el cultivo en su totalidad, transgénico o no.
Entre tanto, tal como recoge Agroeuropa, la Secretaria General de Medio Rural, Alicia Villauriz, ha resaltado el nuevo valor estratégico de la agricultura y la alimentación. También incide, igual que ha hecho Sarkozy en innumerables ocasiones, en el fortalecimiento de la idea de autoabastecimiento y seguridad alimentaria. Pero para hacer acción de estos principios hay que tomar decisiones que no dejan indiferentes. Salvando las diferencias, el tratamiento que se da en Bruselas, a los cultivos modificados genéticamente, a los fitosanitarios y a las normas de bienestar animal, responden a un posicionamiento político que poco tiene que ver con criterios técnicos y ambientales objetivos, y que van en contra de esta tan cacareada posición hispano francesa. Otro ejemplo nacional es el freno puesto al agua por el gobierno español, que afecta a la mayor despensa hortofrutícola europea, ubicada en la costa levantina y murciana. Porque hay parecer la mujer del Cesar, pero primero hay que serlo.
jueves, 28 de febrero de 2008
AISLAMIENTO BIOTECNOLOGICO EN EUROPA

El Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Biotecnológicas ha publicado los últimos datos sobre superficie mundial cultivada con semilla genéticamente modificada. Ha aumentado un 12 por ciento en 2007, superando las 114 millones de hectáreas cultivadas en más de 23 países, por 12 millones de productores. En la Unión Europea (UE) se han cultivado algo más de
En este contexto, el PSOE presenta en su programa electoral la propuesta de una nueva Ley del Régimen Jurídico de los Organismos Genéticamente Modificados, en la que dará prioridad a la salud pública y al equilibrio medioambiental. Son factores que conforman el esqueleto de todos los estudios y análisis científicos requeridos en la UE para la autorización de estas semillas, así como para la comercialización de los alimentos de los que forman parte. Son los más estrictos y rigurosos a nivel mundial. Una oferta antieconómica, pero sin duda, políticamente correcta. El “apellido” de esta propuesta hace sospechar una vuelta de tuerca en este asunto, más del corte del Ministerio de Medioambiente, dirigido por Narbona, que del actual Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), con una línea conservacionista, pero que no pierde la referencia socioeconómica. Prueba de ello es que a finales de 2007 el MAPA abogaba por un marco jurídico relativo a cultivos modificados genéticamente, sin imposiciones, basado en la preferencia de los propios consumidores. Es decir, la oportunidad de consumidores y agricultores de elegir. No es otra cosa que lo que defienden los que abogan por el desarrollo de estas tecnologías dentro del encapsulado espacio biotecnológico europeo.
martes, 29 de enero de 2008
"BIO" A TODA MÁQUINA

En estas últimas semanas lo “bío” ha vuelto a tomar protagonismo. Me refiero a la biotecnología y los biocarburantes. Dos estrategias de futuro, comunes en dos espacios económicos con muchas similitudes, como son el europeo y el estadounidense. Sin embargo, sus diferentes realidades políticas condicionan velocidades de implantación diferentes. Estados Unidos encabeza la carrera, con muchos cuerpos de ventaja. En consecuencia, Bruselas ha tenido que anunciar un endurecimiento de los requisitos para la comercialización de biocarburantes en la Unión Europea. Se trata de condicionantes de carácter ambiental, vinculados a la preservación de la biodiversidad y de las tierras sumidero de carbono. En el fondo, late la defensa de las producciones propias frente a grandes productores como Estados Unidos o Brasil, con rendimientos mucho mayores que los europeos. Los fuertes subsidios percibidos por el biodiesel estadounidense están generando importantes trastornos a las plantas productoras europeas, en particular a las veintidós ubicadas en España. Ayer miércoles la Comisión presentó una propuesta de reparto entre los veintisiete estados miembros, para reducir el efecto invernadero. La finalidad es disminuir en 2020 un veinte por ciento las emisiones de gases contaminantes. Por otro lado, se discutirá la directiva que va a permitir alcanzar en esta misma fecha el veinte por ciento de uso de biocombustibles y el diez por ciento de biocarburantes.
En el caso de la biotecnología, tampoco van parejos. La normativa de Estados Unidos para el desarrollo y comercialización de organismos genéticamente modificados (OGMs) es mucho más liberal que la europea. En general es una situación que genera importantes problemas comerciales a la Unión Europea. Ha impedido la resolución de problemas técnico-económicos y ambientales de nuestra producción agraria, ya resueltos en otros espacios económicos. Bastante más complejo, al menos desde un punto de vista sociocultural, es la implantación de los alimentos obtenidos a partir de animales clonados. En esto, parece que se han puesto de acuerdo las dos entidades responsables de la seguridad alimentaria y han dado un pequeño impulso a este futuro mercado. La Agencia Alimentaria Americana ha dado el visto bueno a su comercialización, aunque ha pedido a los propios operadores que mantengan una moratoria de facto, no preceptiva. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha llegado a una conclusión similar a la de su homóloga de ultramar. Estos es, que los alimentos que se obtengan de animales clonados afectan a la salud humana en la misma medida que los convencionales. El objetivo de la Unión Europea es simplificar los procedimientos de autorización para que no suceda lo mismo que con los vilipendiados OGMs. El Comité de Bioética Europeo no se ha opuesto de forma radical, pero ha puesto en duda la justificación ética de este nuevo comercio. De forma similar a lo sucedido con los transgénicos, faltan argumentos técnicos para su freno, pero existe un confuso trasfondo político. Hay que recordar que muchos vegetales se clonan de forma natural. El hombre lleva siglos haciendo lo propio, incluso con plantas que no se reproducen por clonación. Cierto es que se trata de algo mucho más sencillo que la clonación de animales. Pero, ¿Dónde se pone el límite bioético?. ¿En el hecho de clonar seres vivos?, ¿en las similitudes con la especie humana de los seres clonados?, ¿en la propia clonación humana?. ¿Es la propia clonación el problema o lo es su finalidad? Son muchas preguntas sin respuesta, o con respuestas subjetivas y personales. Preguntas aparentemente alejadas del análisis agrario y agroindustrial, pero cuya respuesta va a condicionar el futuro del agro. En cualquier caso, los detractores pueden estar tranquilos. Hoy por hoy y a medio plazo, el proceso no es rentable.