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viernes, 22 de mayo de 2009

LA CRISIS DEL BIODIESEL Y SUS CULTIVOS


La Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA) ha lanzado la voz de alarma sobre la paralización de la industria española del biodiesel. El motivo principal es la entrada en la Unión Europea (UE) de biocarburantes subvencionados ya elaborados. Hay que recordar que la producción principal de biocarburante en España se centra en el bioetanol, con 284.131 toneladas en 2007, frente a las 148.777 de biodiesel. Sin embargo la capacidad productiva y las tendencias de producción indican una realidad diferente. En el caso del biodiesel el techo de producción era en 2008 superior a 3,2 millones de toneladas, frente a 456.000 toneladas de bioetanol. Por otro lado, el bioetanol ha crecido por debajo del biodiesel, además de haber sufrido una caída en la producción. En Castilla y León se encuentran localizadas cinco plantas de biodiesel, que serán siete en 2010, con una capacidad total de casi 300.000 toneladas. En el caso de bioetanol, es una planta con 158.000 toneladas de potencial productivo.

Según datos de APPA, la mitad de las treinta y seis plantas abiertas de biodiesel en España están sin actividad. El resto opera muy por debajo de su capacidad. Hay que recordar que el consumo de biodiesel se duplicó en España en 2008, mientras que la producción solo aumentó un 28 por ciento. En 2008 el valor medio de producción de las plantas españolas alcanzó solo el 9 por ciento de su capacidad. En 2007 el 51 por ciento del biodiesel comercializado en España provenía de las importaciones y en 2008 se situó en el 71 por ciento del mercado nacional.
El pasado mes de marzo la Comisión Europea contrastó estos datos y asumió la importancia del problema. Las subvenciones aplicadas en Estados Unidos y la libre entrada de biodiesel en el mercado europeo habían hundido este sector. La decisión de aplicar de forma inmediata mecanismos de control en frontera para compensar la parte subsidiada fue muy bien recibida por la industria. Ahora el mercado está pendiente de sus efectos.

Por otro lado, uno de los objetivos de esta política era dar una nueva alternativa al agro europeo, algo que tal como están las cosas, no es viable. Según los últimos datos del FEGA, las ayudas a los cultivos agroenergéticos aumentaron de forma exponencial en España entre 2005 y 2007, llegando a alcanzar más de 9,4 millones de euros. En 2008, se produjo una fuerte caída hasta los 5,1 millones de euros, que se prevé continúe en 2009. En Castilla y León estos cultivos han crecido hasta 2007, en qué se concedieron ayudas por valor de más de 3,7 millones de euros. En 2008 experimentaron una importante caída del 56 por ciento, estando localizados en su mayoría entre Burgos y Valladolid, seguido de Palencia, Zamora, Segovia y Soria.

viernes, 27 de febrero de 2009

DESFONDE DE CULTIVOS AGROENERGÉTICOS


El objetivo mundial y europeo de desarrollo de biocarburantes fue acogido como una doble panacea. Por un lado iba a terminar con la esclavitud energética de los combustibles fósiles y, por otro, daba una alternativa rentable al agricultor. Después, se les acusó de producir un importante desequilibrio medioambiental y alimentario.

Salvo en determinadas zonas del agro mundial, ubicadas en su mayoría en el cono sur, la realidad fue muy diferente. No han tenido ninguna influencia sobre el precio de los combustibles fósiles, que responden a otros condicionantes. El precio del barril de petróleo no ha llegado a subir lo suficiente como para hacer viable la comercialización generalizada de los biocarburantes. La escasa superficie de estos cultivos no ha influido en el precio del cereal y, por tanto, de toda la cadena de alimentos que genera. Prueba de ello es la caída de precios que se ha producido en el último año. Por ejemplo, en España, según los últimos datos publicados por el Ministerio de Medioambiente, Medio Rural y Marino, se han cultivado en 2008 menos de 10.000 hectáreas de este tipo de cultivos. Un dato llamativo si se considera que en 2007 superaban las 100.000 hectáreas y en 2006 se aproximan a 216.500 hectáreas. Al contrario sucede en Extremadura, donde hasta 2007 no se comenzó a experimentar con la agroenergética. Fueron 150 hectáreas que aumentaron a 478 hectáreas en 2008, destinadas a colza y, el resto, casi en su totalidad, a cereal. En la Unión Europea (UE), la pequeña superficie de cultivo destinada a bioenergética está orientada en su mayoría a biodiesel; es decir, cultivos oleaginosos, que tienen menor efecto sobre el precio del alimento. Por otro lado la supresión de la obligación de retirada de tierras ha permitido incrementar el potencial alimentario de nuestro espacio económico. Quizás, las grandes superficies de maíz destinadas a este fin en Estados Unidos han tenido alguna influencia, pero fue limitada y con un importante componente especulativo.

Los precios pagados por la bioindustria no compensan los todavía aceptables precios del cereal alimentario. Además, en la UE se han eliminado las ayudas originales de 45 euros por hectárea, un factor más para poner en duda un repunte de estos cultivos. La presión mundial condujo a ello. Unas ayudas que ya fueron minoradas debido a su empuje inicial. Hay que recordar que en los primeros años se superó la superficie máxima autorizada susceptible de acogerse a estas ayudas. En cualquier caso, una situación que ya no se produce. En realidad, eran subvenciones que chocaban con una política de liberalización de mercados por la que se aboga desde la Organización Mundial del Comercio y que ha defendido a capa y espada la actual Comisaria de Agricultura, Marianne Fischer Boel.

Con respecto al efecto sobre el medioambiente, en algunas zonas de Asia y Sudamérica se han visto amenazadas determinadas zonas forestales, pero han sido casos aislados y, desde luego, nada tienen que ver con la realidad europea.

En la actualidad, el objetivo energético de la UE para 2020, además de los relativos a emisiones y la eficiencia energética, es conseguir que el veinte por ciento de la energía provenga de fuente renovables y que el consumo de biocarburantes alcance el diez por ciento. Por ahora, los bajos precios pagados por la industria del biodiesel han producido una vuelta al cultivo alimentario. Esta situación, junto con el reducido consumo, supone que las plantas españolas estén funcionando a medio gas y no parezca sencillo conseguir estos objetivos.

En definitiva, tras más de tres años de cultivos agroenergéticos, el precio del petróleo sigue condicionando la política energética mundial, el medioambiente continúa con grandes amenazas que poco tienen que ver con estos cultivos, los precios alimentarios oscilan en función de los repuntes de consumo y por la evolución de las campañas productivas. En consecuencia, los agricultores siguen lidiando con las rotaciones tradicionales y los beneficios y dificultades que conlleva. Mientras tanto, hay unos objetivos que se deben cumplir, lo que va a ser difícil dada nuestra decreciente velocidad de crucero.

martes, 29 de enero de 2008

"BIO" A TODA MÁQUINA


En estas últimas semanas lo “bío” ha vuelto a tomar protagonismo. Me refiero a la biotecnología y los biocarburantes. Dos estrategias de futuro, comunes en dos espacios económicos con muchas similitudes, como son el europeo y el estadounidense. Sin embargo, sus diferentes realidades políticas condicionan velocidades de implantación diferentes. Estados Unidos encabeza la carrera, con muchos cuerpos de ventaja. En consecuencia, Bruselas ha tenido que anunciar un endurecimiento de los requisitos para la comercialización de biocarburantes en la Unión Europea. Se trata de condicionantes de carácter ambiental, vinculados a la preservación de la biodiversidad y de las tierras sumidero de carbono. En el fondo, late la defensa de las producciones propias frente a grandes productores como Estados Unidos o Brasil, con rendimientos mucho mayores que los europeos. Los fuertes subsidios percibidos por el biodiesel estadounidense están generando importantes trastornos a las plantas productoras europeas, en particular a las veintidós ubicadas en España. Ayer miércoles la Comisión presentó una propuesta de reparto entre los veintisiete estados miembros, para reducir el efecto invernadero. La finalidad es disminuir en 2020 un veinte por ciento las emisiones de gases contaminantes. Por otro lado, se discutirá la directiva que va a permitir alcanzar en esta misma fecha el veinte por ciento de uso de biocombustibles y el diez por ciento de biocarburantes.

En el caso de la biotecnología, tampoco van parejos. La normativa de Estados Unidos para el desarrollo y comercialización de organismos genéticamente modificados (OGMs) es mucho más liberal que la europea. En general es una situación que genera importantes problemas comerciales a la Unión Europea. Ha impedido la resolución de problemas técnico-económicos y ambientales de nuestra producción agraria, ya resueltos en otros espacios económicos. Bastante más complejo, al menos desde un punto de vista sociocultural, es la implantación de los alimentos obtenidos a partir de animales clonados. En esto, parece que se han puesto de acuerdo las dos entidades responsables de la seguridad alimentaria y han dado un pequeño impulso a este futuro mercado. La Agencia Alimentaria Americana ha dado el visto bueno a su comercialización, aunque ha pedido a los propios operadores que mantengan una moratoria de facto, no preceptiva. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha llegado a una conclusión similar a la de su homóloga de ultramar. Estos es, que los alimentos que se obtengan de animales clonados afectan a la salud humana en la misma medida que los convencionales. El objetivo de la Unión Europea es simplificar los procedimientos de autorización para que no suceda lo mismo que con los vilipendiados OGMs. El Comité de Bioética Europeo no se ha opuesto de forma radical, pero ha puesto en duda la justificación ética de este nuevo comercio. De forma similar a lo sucedido con los transgénicos, faltan argumentos técnicos para su freno, pero existe un confuso trasfondo político. Hay que recordar que muchos vegetales se clonan de forma natural. El hombre lleva siglos haciendo lo propio, incluso con plantas que no se reproducen por clonación. Cierto es que se trata de algo mucho más sencillo que la clonación de animales. Pero, ¿Dónde se pone el límite bioético?. ¿En el hecho de clonar seres vivos?, ¿en las similitudes con la especie humana de los seres clonados?, ¿en la propia clonación humana?. ¿Es la propia clonación el problema o lo es su finalidad? Son muchas preguntas sin respuesta, o con respuestas subjetivas y personales. Preguntas aparentemente alejadas del análisis agrario y agroindustrial, pero cuya respuesta va a condicionar el futuro del agro. En cualquier caso, los detractores pueden estar tranquilos. Hoy por hoy y a medio plazo, el proceso no es rentable.